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¿MALDICIONES GENERACIONALES?

27 Jul 11 - 12:46


I. INTRODUCCION:
Esto  es un estudio resumido  sobre lo que  actualmente algunos movimientos neocarismáticos enseñan en las  iglesias y predican en los pulpitos, sobre las maldiciones generacionales ancestrales que son heredadas en  mundo cristiano des Una maldición generacional, se entiende la maldición como un daño o perjuicio proferido sobre un individuo una o más generaciones anteriores y cuyo efecto es transmitido a sus descendientes a través del tiempo.
Se supone que el individuo que está bajo una maldición generacional ha nacido ya destinado a cometer ciertos pecados, o es propenso a sufrir ciertos males o desgracias, y es dominado por un poder que ningún humano puede controlar. Es por ello que se necesita un poder mayor, el de Dios, para romper o cancelar la maldición.
Cosas como la pobreza, enfermedades, problemas de carácter y temperamento, infidelidad, inconstancia, pereza, alcoholismo, drogas, obsesión sexual, promiscuidad, depresión, negativismo, esterilidad, inestabilidad mental, obesidad, etc., de acuerdo con esta teología, son pasadas de generación a generación en una familia.
En esencia lo que afirma esta enseñanza es que una persona, aún después de haber experimentado una conversión genuina, debido a los pecados y prácticas ocultistas de sus antepasados, las maldiciones que acarrearon sus acciones pasan de una generación a otra y continúan activas y operantes aún sobre los descendientes cristianos. En otras palabras, las maldiciones de una generación se pasan o transmiten a la nueva generación. Por ello es necesario “romper” dicha cadena de maldición por medio de una liberación que la quiebre.
II. ALGUNOS EJEMPLOS DE LOS  QUE DICEN ESTAR EN  MALDICIÓN:
Los que promueven esta extraña teología, presentan una serie de declaraciones supuestamente formuladas por gente que está o ha estado bajo el efecto de una maldición:
-Todos en mi familia han muerto a los 39 años.
-Mis cuatro hermanas se han divorciado.
-Mi madre fue infiel y a pesar de aborrecer esa actitud, tengo una relación con un hombre casado.
-Mis hermanos y hermanas “han tenido que casarse”.
-Cada varón en mi familia ha sido alcohólico y mi hijo adolescente está bebiendo mucho.

-No veo progreso en mi vida espiritual.
-He sido despedido de cada empleo, o las compañías donde he trabajado han quebrado.
-No puedo disfrutar la vida, porque siento que pronto sucederá una desgracia y así ocurre.

Consideran que son fuerzas poderosas que no podemos ver y que nuestros sentidos no pueden entender. En otras palabras, sin detenerse a pensar ni por un momento de que los males descritos pueden ser patrones de conducta adquiridos, un efecto natural de la Caída de la raza humana, una manifestación de la naturaleza pecaminosa del ser humano en general, hábitos de un pésimo trabajador en particular, y/o consecuencia de la crisis económica que predomina en el mundo, la autora del artículo determina automáticamente que las personas afectadas por estas cosas no son responsables de sus situaciones en absoluto, sino que son víctimas de una maldición que los alcanza desde el pasado en su línea generacional.
III. NO SON MALDICIÓNES GENERACIONAL  SI NO MALOS EJEMPLOS PATERNALES:
No cabe duda que por regla general el carácter de los padres, así como la influencia que ellos ejercen sobre los hijos, juega un papel primordial en la personalidad y la conducta de los hijos y sucesivos descendientes. En muchas familias podemos encontrar que el alcoholismo, por ejemplo, afecta a las sucesivas generaciones, que en cierta forma sólo están imitando la conducta y los pecados de sus antecesores. Un padre borracho y jugador condena a su familia a la pobreza y una vida miserable desde todo punto de vista. Si los hijos imitan al padre, y los nietos al hijo, es claro que la pobreza y la desgracia se perpetuarán en la familia. Pero no se deben confundir los malos hábitos adquiridos por el ejemplo de los padres con una maldición que fue proferida por alguien y que debe ser rota por medio de una invocación especial pronunciada por un predicador especial.
IV. UN CONCEPTO ERRÓNEO DE MALDICIÓN:
Veamos cómo se define “maldición” en las propias palabras de aquellos que enseñan el concepto de maldiciones generacionales:
“¿Qué es una maldición? Es aborrecer, detestar, execrar, vituperar, condenar a una persona o cosa. Es atar a alguien con palabras o blasfemias. Una maldición es una fuerza demoníaca puesta sobre una persona o una familia a través de: palabras, o por voluntad y acción de alguien. Las acciones pueden incluir a los propios padres involucrados en actividades de ocultismo.”
V. QUE DICE LA BÍBLIA SOBRE LA MALDICIÓN:
Una maldición de parte de Dios es totalmente diferente al concepto ocultico-pagano de la palabra. El primer uso de la palabra hebrea ârar ocurre en Génesis 3:17 (maldita será la tierra). Es un pronunciamiento de juicio sobre aquellos que quebrantaron un pacto. Maldición, en el contexto bíblico, es una expresión de la justicia de Dios que se aplica sobre alguien o algo como consecuencia de una decisión personal e intencional de desobediencia contra Dios, y que el hombre toma haciendo uso de su libre albedrío. Dios, entonces, pone distancia entre Él y el pecado.
Ejemplo: En Deuteronomio 28, Dios establece las increíbles bendiciones que vendrán sobre el pueblo de Israel como resultado de la obediencia a los mandamientos de Dios (Dt. 28:1-14), y luego en contraposición expresa lo que ocurrirá como consecuencia de desobedecer voluntariamente esos mandamientos (Dt. 28:15-68), lo que es equivalente a “haber dejado a Jehová” (v. 20). Como vemos, una maldición de Jehová siempre conlleva el deseo de que el bien sea derramado sobre los que le aman y obedecen. No tiene el propósito primario de hacer mal. Aún más, las maldiciones de Dios no excluyen la posibilidad de arrepentimiento por parte de la persona, sino por el contrario, son enunciadas con el fin de que evitemos pecar contra Dios.
VI. DIOS NO MALDICE   A LOS DESCENDIENTES:
El capítulo 18 del libro de Ezequiel es categórico respecto a la errónea idea de que los hijos pagan por los pecados de los padres. Los judíos sufrían del mismo error que los promotores de la doctrina de la Maldición Generacional. Dios les dice en Ezequiel 18 que ya dejen de creer en eso: “… el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo…” (ver también Jer. 31:29-30), “Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos morirán por sus padres; cada uno morirá por su pecado” (Dt. 24:16). En el capítulo 9 del evangelio de Juan encontramos algo relacionado con el concepto que venimos tratando: “Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres; sino para que las obras de Dios se manifiesten en él” (Jn. 9: 1-3). Los discípulos de Jesús aun seguían aferrados al mismo error que los judíos en los tiempos de Ezequiel. Si en realidad los hijos pagaran por los pecados de los padres, ésta hubiera sido la perfecta oportunidad para que Jesús corroborara o expandiera sobre la doctrina. ¿No es el cristiano una nueva criatura en Cristo y las cosas viejas pasaron (2 Cor. 5:17)? ¿No hemos sido librados de la potestad de las tinieblas y trasladados al reino de Jesucristo (Col. 1:13)? ¿Acaso no dice la Escritura que a los cristianos el maligno [el diablo] no nos toca (1 Jn. 5:18)? ¿Puede el diablo y sus huestes ejercer mayor influencia en un cristiano que la presencia del Espíritu Santo que mora dentro de él? ¡De ninguna manera! Mayor es el que está en nosotros [Dios Espíritu Santo] que el que está en el mundo [Satanás] (1 Jn. 4:4). ¿Puede el cristiano estar poseído por un demonio? ¡No! Las tinieblas no tienen comunión con la luz (2 Cor. 6:14). Los cristianos somos el templo del Dios viviente (2 Cor. 6:16). Esta es una referencia a la presencia del Espíritu Santo en nuestros cuerpos. El Espíritu Santo no se corre hacia un lado para hacerle lugar a un demonio. Walter Martin, el recordado apologista, lo ponía de esta forma: "Cuando el demonio golpea a la puerta del corazón del cristiano, el Espíritu Santo abre la puerta y le dice, ‘Mándate mudar’." Los cristianos, en muchos casos, nos negamos a aceptar la verdad bíblica de que somos tentados de nuestra propia concupiscencia y ni aun el diablo puede obligarnos a pecar (Stg. 1:14). Hoy la iglesia, en gran parte, colabora en el plan de victimización de la sociedad moderna. Todo el mundo es una víctima, ya sea de las circunstancias, de nuestros padres, del ambiente, de la herencia genética, de la sociedad, etc., y si bien en algunos casos puede haber una medida de verdad en esto, la tendencia general es a pensar que nadie es responsable por su propia conducta. Esto no es verdad, de lo contrario la Escritura nos ha mentido en un sin número de pasajes que nos exhortan a una conducta santa, y que vamos a dar cuenta ante el Tribunal de Cristo. Dios no cree en el dicho "El Diablo me hizo hacerlo."
VII. TEXTO BÍBLICO MAL INTERPRETADO:
Por supuesto que los maestros de la Maldición Ancestral citan pasajes bíblicos para apoyar la enseñanza. El favorito es el siguiente:
“…que visito [Dios] la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”. (Éx. 20:5).
Este parece ser para ellos el pasaje que definitivamente establece que Dios castiga a los descendientes de los pecadores. El problema es que:
1) La palabra “castigo” no aparece por ningún lado, ni aun en las repeticiones del pasaje (Ex. 34:7; Nm. 14:18; Dt. 5:9).
2) El pasaje usa la palabra “visitar”. En hebreo es paqad; significa “visitar, inspeccionar, interesarse en”. Los rabinos judíos la traducen “….. yo soy Jehová tu Dios ….. que reviso la iniquidad de los padres sobre los hijos ….”
3) Los expertos que produjeron la versión Septuaginta del Antiguo Testamento del hebreo al griego usaron la palabra griega episkeptomai, que significa “observar, supervisar, cuidar, examinar de cerca”.
4) El pasaje se cita en forma parcial. El contexto es la prohibición de la idolatría por parte de Dios. La inferencia clara es que Dios visitará a las sucesivas generaciones de aquellos que cayeron en el pecado de idolatría para ver si continúan en los mismos pasos de sus ancestros. Esto es confirmado por la cualificación, “de los que me aborrecen”. En muchos casos, los hijos y descendientes inmediatos continúan en rebeldía contra Dios. La advertencia no está dirigida a aquellos que andan en los caminos del Señor.
5) La palabra “maldición” tampoco aparece en ningún lado, ni aun en las repeticiones. Ellos quisieran ver la palabra “maldición” en lugar de “maldad”, pero ni el lenguaje ni el contexto les permite forzar el concepto dentro del pasaje. La palabra de Exodo 20:25 es ‘âwon (generalmente traducida al español como iniquidad, maldad, culpa o pecado), mientras que maldición es ârar.
Como vemos, tanto el castigo como la maldición sobre las generaciones venideras están ausente en el pasaje. Otro error de los maestros de la maldición hereditaria es ignorar totalmente el resto del pasaje, donde se enfatiza la misericordia de Dios sobre los que le aman y guardan sus mandamientos. Esto, automáticamente cancela cualquier pretensión de que un cristiano esté marcado por una maldición ancestral y deba ser liberado de ella.
VIII. CONCLUSION:
La enseñanza de las maldiciones generacionales o heredadas es parte de un conglomerado de doctrinas que forman parte de las enseñanzas de la llamada “Tercera Ola” y el neocarismatismo. Dentro de este conglomerado de enseñanzas se encuentran otras tales como la posesión satánica en creyentes, la confesión positiva, la restauración de los ministerios apostólicos y proféticos, la unción fresca, la palabra rhema y otras. Esta vez nos hemos limitado al análisis de la enseñanza de las maldiciones generacionales a la luz de la enseñanza bíblica sana.
Si existiera alguna maldición debemos entender que  en Cristo Jesús toda maldición es cancelada y todo pecado borrado a través de su sacrificio expiatorio. El creyente es nueva criatura; las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas (2 Co. 5:17), como si nunca hubiéramos existido ni pecado por la sangre de Jesucristo derramada en la cruz, venimos ser constituidos  hijos de Dios coherederos con  Cristo, templos del Espíritu  Santo. No cabe en  mi  mente que un  nacido de nuevo, hijo de Dios tenga la maldición de sus padres si  el padre Dios le bendigo  con  toda bendición en Jesucristo su hijo.
La Biblia dice: "Cristo nos redimió de la MALDICIÓN de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la BENDICIÓN de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu (Romanos 3. 13-14), (Is. 53:11).

Origen de la Doctrina de las Maldiciones Generaciones, informe aqui.

Anonymous

Anónimo

01 Aug 2011 - 06:03 pm

Pastor Carlos, saludos nuevamente y agradecerle por este articulo, Dios le bendiga y le guarde siempre y cumpla su proposito en usted, amen.

Anonymous

Macario

07 Oct 2011 - 07:54 am

Estimado pastor, buen tema le agradesco por escribir. Amen.

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